Sanar con Mamá

Sanar con Mamá

El vínculo con mamá es el primero y el más importante. De ella recibimos la vida, el alimento y la energía para enfrentar todo lo que venga. Si esa energía no fluyó como debía, se siente en el cuerpo, en las emociones y en la manera en que nos paramos frente a la vida.

Cuando ves a alguien siempre enojado, muchas veces ese enojo profundo está dirigido, de forma inconsciente, hacia su madre. Frases como “está enojado con la vida” no son casualidad, porque mamá representa la vida misma. Si no estoy en paz con mi madre, voy a estar en guerra con mi propia existencia. Por eso es tan importante sanar ese vínculo.

Muchas dolencias y bloqueos emocionales tienen raíces en esa carencia. El niño o niña que fuimos quedó esperando un amor que no llegó de la manera que lo necesitaba, y esa desnutrición emocional se refleja en la adultez. Mamá está ligada a la relación con nuestro cuerpo, con el mundo, con la comida y con los demás. Ella es la primera en nutrirnos, y según cómo fue esa nutrición, así percibimos la vida.

La abundancia también está conectada con mamá. Si de niños sentimos carencia emocional, de adultos esa sensación puede manifestarse en escasez, falta de éxito o dificultades para recibir.

Criamos a nuestros hijos de acuerdo a lo que recibimos. Si mamá fue autoritaria, quizás decidimos ser todo lo contrario con nuestros hijos, y aunque parezca lo opuesto, es parte del mismo patrón: la falta de energía vital. Cuando no recibimos esa energía de mamá, nos cuesta criar, sostener y nutrir, porque sentimos que no tenemos suficiente para dar.

¿Por qué mamá no me dio esa energía?

Porque probablemente ella tampoco la recibió de su madre. Damos lo que tenemos. Si ella no fue nutrida emocionalmente, difícilmente pudo dar lo que no tenía. Y así, ese vacío se repite de generación en generación.

El dolor, el bloqueo y la carencia emocional no nacen con vos. Son memorias que vienen de atrás, que se arrastran en tu linaje femenino. Pero si estás acá, leyendo esto, es porque tenés el poder de cambiarlo. Podés cortar con ese patrón y abrir un camino diferente para vos y para quienes vienen después.

Ritual para sanar tu linaje femenino:

Cerrá los ojos. Visualizá a tu bisabuela, aunque no la conozcas. Imaginá una luz suave envolviéndola. Ella mira a tu abuela y le dice:

“No pude estar para vos como lo necesitabas. No tuve la fuerza, no sabía cómo. Lo siento. Ahora estoy presente. Podés tomarme desde otro lugar, podés recibir de mí la energía que faltó antes. Estoy acá para vos.”

Visualizá a tu bisabuela abrazando a tu abuela, llenándola de esa energía vital que alguna vez faltó. Imaginá cómo tu abuela respira profundamente y se siente completa.

Ahora, tu abuela mira a tu madre. La ve pequeñita, en ese momento en que necesitaba amor y protección y no lo recibió como debía. Tu abuela le dice:

“Hija, lo siento. No pude darte todo lo que merecías. No sabía hacerlo mejor. Pero ahora estoy acá. Ya crecí, ya aprendí. Ahora sí podés recibir de mí.”

Visualizá cómo tu madre recibe ese abrazo, cómo esa energía vital fluye hacia ella, llenándola de calma, amor y fortaleza.

Tu madre ahora se gira y te mira a vos. Ya no es la niña herida que esperaba ser cuidada. Es una mujer fuerte, completa, capaz de sostener y amar. Ella te dice:

“Hija, lo siento. No pude estar para vos como lo necesitabas. No sabía cómo. Pero ahora crecí. Ahora puedo darte lo que antes no supe darte. Estoy presente para vos.”

Sentí ese abrazo. Sentí cómo esa energía de vida fluye ahora hacia vos. Sentí cómo te llena, cómo te fortalece, cómo cada célula de tu cuerpo se llena de vida.

Ahora, mirá a tus ancestras y deciles:

“Gracias. Gracias por darme la vida, gracias por estar presentes ahora. Recibo lo que fue y lo tomo con amor.”

Ahora mirá hacia adelante. Sentí el respaldo de tu linaje. Sentí cómo esa energía vital fluye a través tuyo y está lista para ser entregada a tus hijos, a tus proyectos, a tu vida.

Vos sos el puente. Vos tenés el poder de cortar con esa cadena de desnutrición emocional y abrir un nuevo camino, lleno de amor, fuerza y vida.